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Mi primer cuaderno a color: de la ingeniería a la paleta cromática

Con 27 páginas escaneadas cuento cómo empecé a explorar el color desde cero: qué quería lograr, los materiales que usé, los retos que me encontré y lo que aprendí sobre el color, el gesto y la valentía de empezar.

De la ingeniería a la paleta cromática

Soy ingeniera química de formación y durante los últimos años, mi mundo profesional ha estado marcado por la exigencia. Sin embargo, un día decidí que quería aprender a dibujar. No lo hice por una razón práctica, sino por pura necesidad: recordaba que cuando era más joven, dibujar me hacía feliz.

Este post documenta un paso muy específico en mi camino: las primeras páginas de mi primer cuaderno formal de color. Para ser exacta, son autoejercicios de exploración personal; no tenía maestro, no asistía a talleres ni seguía un programa establecido. En este proceso estabamos solo el papel, los materiales, mis reglas y yo.

Mis reglas del cuaderno

El color me atrae de una manera distinta, por lo que comencé un cuaderno dedicado exclusivamente a experimentos cromáticos y técnica. Pero este cuaderno no es un caos; yo misma le he impuesto sus propias exigencias:

  • Debe verse bien: Aunque no sé nada de teoría del color, mi objetivo es lograr que el resultado sea visualmente armónico.

  • Eficiencia en el trazo: Tengo que terminar cada página rápido. El tiempo está casi cronometrado; nada se deja para mañana, se finaliza en el acto.

  • Compromiso absoluto: Si no dispongo del tiempo suficiente para cumplir con las anteriores reglas, prefiero no dibujar en él.

Hoy soy consciente de que aplico estas reglas tan estrictas debido al ritmo de vida que he llevado. Pero, sinceramente, no me incomodan, al contrario: me funcionan, me dan estructura y por el momento, no tengo pensado cambiarlas.